sábado, 3 de septiembre de 2016

¿Enrocamiento ideológico?

Como en las encuestas del CIS nunca aparece la educación entre las preocupaciones de los ciudadanos — menos del 0,4% opinan que la educación es un problema en España (p5 del informe CIS de Junio)—, los políticos piensan que a pesar de algunas protestas puntuales, la mayoría están satisfechos y no vale la pena hacer nada. Ya falta poco para que se inicie el curso escolar 2016-2017 y los alumnos, sus familias y docentes, lo empezarán con una gran incertidumbre.
La evaluación es un tema "importantísimo" que "debe hacerse sistemáticamente y con cabeza" y que debe analizar al "sistema educativo en su conjunto: alumnos, profesores, centros y administraciones”.
Pensar que pedir “calidad” es de derechas y pedir “equidad” es de izquierdas, y que puede haber calidad sin equidad o viceversa, es una simpleza. Los debates entre calidad y equidad, función educativa del Estado y los derechos de los padres, escuela publica o concertada, laica o religiosa son temas ideológicos envejecidos y muchas veces falsos.

Mientras todos los partidos no dejen de negar la legitimidad de las propuestas de los demás y aprendan a ceder en sus enrocamientos ideológicos, que muchas veces no tienen justificación, no saldremos del atolladero en el que estamos metidos.
Tenemos una democracia tan corporativa, que al parecer solo pueden hacer propuestas los poderes constituidos: partidos, sindicatos, confederaciones de lo que sea, etc. Esta actitud responde a una idea "patrimonialista" de la política y estas organizaciones se sienten inmediatamente atacadas ante cualquier propuesta de alguien que no pertenezca al establishment. Partidos, sindicatos y confederaciones actúan con un dogmatismo que imposibilita cualquier debate. No quieren un pacto, quieren su pacto. Que el Partido Popular, mientras dice que quiere pactar, haya aprobado las reválidas en un consejo de ministros veraniego y en funciones es totalmente congruente con su forma de hacer política, pero también es una torpeza descomunal.
Si no cambian sus actitudes no progresaremos nunca por mucho que unos y otros pronuncien esta palabra hasta la extenuación, porque no se progresa ni mejora solo autodenominándose “progresista” sino dialogando, uniendo habilidades y trabajando juntos para progresar.
¿Es demasiado pedir a nuestros políticos?
Si ellos no son capaces de hacerlo, ¿como pueden pedir un comportamiento responsable a los demás ciudadanos?
©JuanJAS