martes, 3 de abril de 2018

¿A quien beneficia/perjudica las acciones de los CDR?

Hace demasiado tiempo que la sociedad soberanista reclama a sus políticos “unidad”, para que hagan un gobierno soberanista que cese el 155. No hay forma de que se logre esa unidad y ese primer objetivo urgentísimo para que no se siga degradando la economía y la sociedad catalana. 
Jordi Turull, en su discurso de investidura reclamó dialogo dentro del “bloque soberanista que no se pone de acuerdo” y “los otros”. Por muchas “razones” (algunas fuera de la ley) que atesoren los independentistas, si no dialogan con “los otros” no se podrán recuperar las instituciones ni tampoco ir más allá consiguiendo la libertad de los presos ni el autogobierno perdido. Que nadie repita que está en otra pantalla porque la “independencia” no se ha conseguido ni siquiera en modo virtual ni con “realidad aumentada”.
Los grupos soberanistas no logran un acuerdo ni siquiera en lo “urgente”; y el “todo o nada” pinta fatal.
Y por si no tuviéramos suficiente, entran en juego los “CDR” (Comités Defensa de la República) que producen imágenes que los “unionistas” presentan como “violentos Kaleborrroca” para asimilar a todos los millones de pacíficos independentistas como “violentos terroristas” que ponen en peligro la paz pública y el orden constitucional.
Recordemos que el PNV siempre ha buscado su propio beneficio y no ha fallado nunca al Gobierno Español. Los políticos del PNV están “quedando bien”, estéticamente, con los independentistas, sabiendo que antes de que “realmente tengan que mojarse” habrá gobierno autonómico catalán o nuevas elecciones.
Por mucho que nos enfademos los catalanes (unos más que otros), estas acciones de los CDR no afectan nada ni a los jueces españoles ni a los alemanes, ni al Gobierno central. Basta con ver las TV’s y la inmensa mayoría de los periódicos generalistas de gran difusión, para que los lectores y televidentes se creen la idea de que el “país está en jaque” y de que es un lugar peligroso para los turistas y para los que quieren trabajar en la Catalunya de orden y próspera que siempre había sido y que “parece” (porqué así lo dan a entender) que ya no es. 
La mentira compulsiva y sistemática de los sectores afines a los “unionistas extremos” (quemar containers no presupone insurrección, rebelión o violencia) pretende crear el relato adecuado para asimilar independentismo con violencia. Los dirigentes unionistas extremos necesitan normalizar la imagen de que todos los independentistas son terroristas, para legitimar su actuación contra los que abrazan otra forma de pensamiento político que quiere huir de su dominación.
Mucha gente no entiende que los “actos de protesta” que organizan los CDR (y sus líderes políticos y sociales) (cortar carreteras por ejemplo) no se hagan donde puedan perjudicar a los “líderes unionistas extremos” y no aquí en Catalunya, donde perjudican, entre otros, a sus aliados y a la estabilidad económica catalana a la vez que dan armas a sus enemigos políticos. Una estrategia que cuesta mucho de entender y por no tildarla directamente de equivocada.

lunes, 26 de marzo de 2018

¿Porqué disculpan las mentiras?

Amigos que considero inteligentes, de vez en cuando publican noticias falsas en las redes sociales. Algunas son tan absurdas, tan fáciles de desmontar, que me queda la duda de si las comparten por error o conociendo su falsedad, simplemente porque refuerzan una realidad superior, la suya, que creen necesario difundir de todas maneras.
Investigadores del MIT han confirmado que la mentira viaja mucho más rápido y llega más lejos que la verdad. Hasta seis veces más en el caso de las redes sociales. Lo espectacular, sensacionalista y falsamente novedoso es más atractivo y genera más likes que cualquier otra cosa que se comparta; por ello no es de extrañar que mucha gente mienta y propague mentiras para “gustar más”. Parece haber algo irresistiblemente encantador en la mentira que nos hace propagarla, agrandarla, retorcerla y volver a compartirla sin que a menudo nos paremos a medir sus consecuencias o el daño que puede hacer a terceros. 
Todos tenemos nuestros propios prejuicios —somos favorables a unas cosas y contrarios a otras; con el tiempo olvidamos incluso el porqué— y ayudamos a divulgar informaciones u opiniones sin hacer un mínimo trabajo de verificación de “lo que compartimos”, demasiadas veces sesgadamente y sin leer todo el texto completo. A pocos le importan los hechos, los testigos, los avales, etc. lo único que importa es si lo divulgado “favorece a los míos” o “habla contra los otros”. Si sumamos a la escena el miedo, los infundios y falsos rumores alcanzan el nivel de verdades absolutas para las masas.
Las redes, los blogs y muchas publicaciones digitales van llenos de “fake news” (el bulo de toda la vida). Aunque se le cambie el nombre, la mentira es tan antigua como el lenguaje. No hay más mentirosos hoy que hace cinco, diez o cien años. Simplemente cuentan con aliados que hacen su trabajo mucho más fácil, incluida la tecnología para propagar falsedades y un periodismo, supuestamente el oficio encargado de desenmascararlas, que en países como el nuestro ha renunciado a hacer su trabajo.
Lo falso encuentra hoy una amplia cobertura incluso en los medios que se describen como “serios”. El sectarismo con el que la prensa nacional trata cualquier asunto, replicando una visión de la realidad donde los prejuicios tienen más peso que los hechos, hace que la verdad se esté quedando sin defensores. Los propietarios de los medios viven temerosos de enfadar a audiencias que exigen una reafirmación de sus creencias y sus trabajadores (¿periodistas? y otros) viven pendientes de un público al que hay que enganchar con noticias cada vez más llamativas, aunque no se ajusten a la realidad. Las crónicas de buenos reporteros, que todavía los hay, han pasado a ser medidas por su popularidad, no por su rigor o profundidad. El periodista que antes suspiraba por un Pulitzer hoy se conforma con un buen número de likes o comentarios aprobatorios de su buen hacer. Al fin y al cabo, ellos y todos nosotros (sus audiencias, también incluidos los jueces), vivimos en la misma.
Nuestra sociedad ha legitimado la mentira —igual que está bien visto estafar al “fisco” siempre que lo haga yo o los míos— y nadie se ruboriza, ni siquiera los periodistas, cuando a alguien le pillan soltando una, por escandalosa que sea. Y si los medios, los periodistas, los políticos mienten, roban, eluden y defraudan a Hacienda, … ¿porqué no debería hacerlo yo? Observando a nuestros representantes en cada campo, es fácil sentirse legitimado para mentir.
Uno solía ver la competencia entre verdad y mentira como la carrera entre la liebre y la tortuga: la primera tomaba ventaja rápidamente, pero poco a poco iba perdiendo terreno frente a la solidez y determinación de la segunda. El que así piensa comete el mismo error del principiante que afirma “el buen producto se vende solo”, porqué la liebre, empujada por las redes y el mal periodismo, toma a menudo una ventaja que la tortuga no alcanza nunca a recuperar. La mentira gana con frecuencia, mientras es aclamada desde la grada por un público entregado, que ensordece a las masas con su griterío persistente. Cansados de tanto luchar contra corriente, a los que persiguen la verdad, cada vez les quedan menos amigos sinceros; al menos, de los que se atreven a divulgar la verdad contrastada, aunque no sea políticamente correcta.

martes, 20 de marzo de 2018

Inteligencia, autocontrol y éxito

¿Cuál es el factor determinante en la capacidad de ejercitar autocontrol, y de dónde proviene? 
Ninguno de nosotros por si solo puede controlar nuestro mundo, pero, sí que podemos controlar cómo pensamos y nos comportamos acerca del mismo. 
En tiempos pasados casi todos los psicólogos asumían que la habilidad de los niños para poder esperar dependía en la intensidad del deseo que tuvieran, por ejemplo de comer más golosinas. (Experimento del “chuche” de Walter Mischel - "The Marshmallow Test" ) 
Lo que estaba en juego para los niños durante el experimento fue la "distribución estratégica de la atención". En lugar de obsesionarse con el chuche, el "estímulo caliente", algunos niños se distraían jugando a las escondidas, cubriéndose los ojos, o entonando canciones infantiles. Mientras usaban estas técnicas de distracción, el deseo no se borraba, sino que se movía a un lugar secundario en la mente de los niños. En los adultos esta habilidad se conoce como la metacognición, o el pensar acerca del pensamiento. Lo que usualmente ayuda a algunos a sobreponerse a sus impulsos. Imaginen que están paseando por una calle y ven algo que les lama la atención y les gusta en un escaparate. Cuando sientan la tentación de entrar en la tienda y "comprarlo", díganse a si mismos que se concederán todo un día para pensar en su "objeto del deseo" y si lo siguen deseando ya volverán a comprarlo. La mayoría de las veces su tentación no será tan fuerte como la de Ulises (el de la Odisea de Homero que pidió que lo ataran al mástil de su embarcación porque era consciente de que nunca sería capaz de resistir el canto seductor de las Sirenas) y se ahorrarán un buen dinero en algo que seguramente dejará de cautivarles inmediatamente después de haber pasado por caja. 
Para Mischel y su equipo de investigadores, los resultados de sus estudios eran muy importantes porque creían ver en ellos una cierta capacidad predictiva de comportamientos futuros. De acuerdo a estos descubrimientos, podrán deducirse que si alguien se esfuerza en estudiar, preparándose para sus exámenes del colegio en lugar de ver la televisión, entonces, en el futuro esa persona seguramente será más capaz de evitar gastos innecesarios y será más capaz de, por ejemplo, ahorrar dinero para mejorar su libertad financiera. 
Seguramente que la capacidad de “posponer la gratificación inmediata” tiene un gran componente genético aunque me gustaría pensar que puede que haya métodos de aumentar la propia capacidad de posponer muchas gratificaciones inmediatas con las que nos tientan las “sirenas” que nos encontramos en la vida. Algunos experimentos han demostrado que a medida que la capacidad de dilación en los niños disminuye, se refleja en el número de errores cometidos como adultos, aunque parece que no son del todo concluyentes. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la conclusión a la que el equipo de Mischell llegó, después del seguimiento de los niños al cabo de los años, demuestra una correlación (los que pasaron la prueba tuvieron más éxito en la vida), no una causalidad (si se pasa la prueba se tendrá éxito en el futuro, ya que se puede aprender a esperar la recompensa futura). 
¿Tienen ustedes la disciplina personal de quien construye al largo plazo y prefiere una gratificación final más importante frente a una recompensa inmediata en el corto plazo? 
¿Tienen “autocontrol” para resistirse a las tentaciones inmediatas del corto plazo y seguir un “plan a largo plazo” previsiblemente más beneficioso? 
La pregunta que todavía espera respuesta es si enseñar a los niños a controlar sus impulsos para "aprender a posponer las gratificaciones" tendrá algún valor justificable para su desarrollo como adultos responsables y exitosos. 
¿Qué piensan ustedes?


miércoles, 28 de febrero de 2018

La adrenalina gana la batalla

El peligro, el riesgo, nos acompaña desde siempre y llevamos miles de años gestionándolo. Cuando olemos “peligro” a nuestro alrededor, nuestros instintos toman el control. Estamos programados para responder, nuestros actos se tornan “reflejos”. El problema es que ni los riesgos son hoy tan evidentes como antaño ni la respuesta correcta es tan intuitiva. Ya no se trata de huir para salvar la piel o luchar cuando estamos acorralados.
Hoy en día, vivimos en sociedades estructuradas, organizadas, donde los riesgos físicos se han eliminado casi en su totalidad, donde otros se la juegan por nosotros (Policía, Bomberos, Ejército…) y otros toman decisiones que nos correspondería tomar personalmente, asumiendo la responsabilidad correspondiente. Diversas normas nos protegen de nosotros mismos, como los límites de velocidad, los semáforos, la regulación farmacéutica, las normas de construcción, la protección al consumidor… Incluso nos auto-avisamos de riesgos evidentes… el “Mind the Gap” de los ingleses. Bueno, tal vez no tan evidente ahora que muchos van absortos mirando su móvil y aislados del mundo con sus auriculares.
¿Cuál puede ser esa respuesta no tan intuitiva? ¿Cuál es la advertencia, el “Mind the Gap” verdaderamente crítico, a día de hoy? Pensemos en las intervenciones médicas, en la inversión de nuestros ahorros, en las decisiones políticas que debemos tomar.
A todos se nos presenta, antes o después, la toma de una decisión médica: ¿Me opero o no me opero?. La operación o el tratamiento puede salir bien, regular o mal. Igual que la inversión de nuestros ahorros o las decisiones que toman los políticos que hemos votado.
En medicina la incertidumbre se debe a que no hay dos pacientes iguales, ni la enfermedad o lesión será exactamente igual en diferentes pacientes. Seguimos dependiendo en gran medida de las probabilidades.
En inversión están el dinamismo de los negocios en que invertimos y el factor humano del mercado. Cuanto mejor sea nuestra calidad de vida antes de la operación, o cuantos más ahorros invirtamos, más podemos perder y más riesgo asumimos.
Podemos definir “riesgo” como “la posibilidad de un RESULTADO NEGATIVO PERMANENTE”; y la medida del riesgo que asumimos es “CUÁNTO SE PUEDE PERDER”. El secreto está en trazar un plan, anticiparse a los acontecimientos; nada que ver con predecir el futuro.
Lo primero que debemos preguntarnos, y tal vez lo más importante, es: ¿qué pasa si no invierto, si no me opero o si no sigo votando lo mismo que antes? Nuestro refranero es sabio…y dice que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Tal vez se pueda esperar a que en el futuro surjan mejores técnicas, mejores oportunidades de inversión y mejores tiempos con una sociedad más proclive a ciertos cambios sociales. A menudo, lo más difícil es precisamente ¡no hacer nada!
El problema es que algunos piden más adrenalina. No se si por diversión, por alcanzar la gloria, por orgullo, por simple cabezonería o por irresponsabilidad.
La siguiente pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué es lo peor que puede ocurrir si me opero, si invierto o si sigo adelante con mi plan? Y la última, debería ser: ¿qué es lo que dicen que va a suceder si me opero/invierto/sigo con mi plan, y cómo es de probable que suceda? (Evidencias pasadas de sucesos en circunstancias similares)
A veces la respuesta es evidente: si no me opero mi vida corre peligro, y si me opero viviré. O, si no invierto y mantengo los ahorros debajo del colchón o en la libreta de ahorros pierdo con la inflación, y si invierto es una “apuesta segura”. O si “suspendo” mi plan inicial, parece que mi honor queda mancillado, aunque la verdad es que asumo que no estaba preparado y debo reorganizarme y acumular más fuerza y apoyos; y si sigo adelante ¿puedo llegar a conseguir el objetivo (¿el soñado?) con un coste asumible?.
En base a lo anterior trazaremos un plan A, y siempre un plan B. Tal vez algunos más. Casi todos los casos reales no son blancos o negros puros, tienen facetas grises. Lo que siempre deberíamos asegurar es reducir a la mínima expresión el riesgo de las pérdidas permanentes.
En medicina sólo los casos desesperados justificarían riesgos de pérdida permanente –la apuesta es sobre la “vida”, el 100%. Y como mucho se puede alargar la vida, pero no ganar otra. No hay plan B posible.
En inversión el riesgo puede ser una unidad, el 100%, y la recompensa puede ser el 20%, 50%, o tal vez más… Como regla general tampoco en inversión se debería aceptar el riesgo de pérdidas permanentes. El mercado suele ser eficiente y ganancias extremas a menudo serán una lotería (o un fraude).
En los cambios sociales forzados puede haber avances, pero también retrocesos. Tenemos ejemplos recientes cercanos.
Una vez tomada la decisión llegamos a otro momento crítico: el postoperatorio. Días buenos y días malos… A veces parece que todo salió bien, como dice el médico, como defiende el gestor de la inversión o como vocean los políticos en sus discursos-propaganda. Otros días son muy malos, nos duele todo, el progreso es tan lento y desesperante… Nuestra inversión baja, o parece estancada. En vez de avanzar hacia la tierra prometida parece que hayamos retrocedidos varios años y muchos kilómetros. Sería ideal que el médico, el gestor y el político nos hubieran explicado también esta parte: la VOLATILIDAD, las posibles consecuencias adversas del proceso y del camino a recorrer hasta llegar a la tierra prometida.
Si hay “datos objetivos, contrastados y probados” y el médico o el inversor piensan que todo sigue en su sitio, entonces el resultado final debería ser el esperado, todavía se estaría cumpliendo el plan A. En este caso favorable, la volatilidad a corto plazo es molesta, pero no afectaría al resultado final. A no ser que el PACIENTE “pierda la paciencia” y abandone la fisioterapia/tratamiento/inversión/ilusión, antes de tiempo. De ahí lo del “largo plazo”, hay que saber (y poder) perseverar si hace falta. Lo que no se debe bajo ningún concepto es perder el “capital” ni la respetabilidad ni la confianza en el camino, porque si así sucediera ya no habría nada que mejorar y ningún “paraíso” al que llegar.
Para soportar la volatilidad, el postoperatorio, la travesía del desierto, hacen falta dos cosas: PACIENCIA Y CONFIANZA de que se sigue en el buen camino. Algunos son mejores que otros en esto, tienen mejor carácter. Pero no es fácil, y toda ayuda es bienvenida. Igual que los futbolistas que se rompen un tendón y vuelven a jugar en 6 meses gracias a sus médicos y sus fisioterapeutas. También en inversión —¿qué inversión colectiva es mayor que la del futuro de tu país?— hay que intentar rodearse de los mejores, los que tienen carácter y sentido común, los que trazan un buen plan, miden los riesgos (las pérdidas potenciales) y aceptan sólo los que son razonables y mayoritariamente asumibles. ¿Tenemos en nuestro entorno ese tipo de políticos y dirigentes? ¿Podemos elegir a los mejores? ¿Lo hemos hecho? ¿Podemos confiar en ellos?
¿Han trazado un buen plan, en base a riesgos medidos antes de aceptarlos, rechazando en lo posible pérdidas permanentes para el país y para la mayoría de la ciudadanía?.
¿Hemos entendido todos (los dirigentes antes que nadie) que “volatilidad” (altos y bajos) no es lo mismo que riesgo?.
¿Tienen los dirigentes, y tenemos la mayoría, suficiente paciencia y confianza para continuar con el plan trazado?. ¿Se ha buscado, encontrado y conservado la ayuda de “gente capaz, sensata y de confianza” (ganada a lo largo de sus trayectorias profesionales pasadas)? 
Si se evita tomar decisiones equivocadas (y letales) en medicina. Si se evita, en el mundo de la inversión, perder el capital o endeudarse irresponsablemente. Si se consigue mantener un amplio porcentaje de la población entusiasmada con un proyecto social, se puede intentar continuar desarrollando el proyecto con otro plan B. De otro modo es dirigirse irresponsablemente hacia el abismo. No sólo por la incompetencia técnica de los líderes del proyecto, sino también porque incompetencia es no valorar adecuadamente la “potencia de las fuerzas antagónicas” que harán “todo lo que esté en su mano para hacer fracasar ese proyecto”. La culpa puede que sea de “los contrarios”, pero hay que valorar y tener en cuenta el impacto de esas fuerzas.
Veamos el “ejemplo del MWC”. El Gobierno emitió un comunicado en el que decía que “el hecho de que las autoridades catalanas no saludaran el rey a la puerta del Palau de la Música pone en riesgo que Barcelona pueda seguir albergando en el futuro un evento global de tanta importancia". Es verdad que los operadores internacionales de cualquier evento quieren estabilidad, pero si alguien tiene poca credibilidad para exhibirse como garantía de estabilidad en Cataluña es el gobierno español. Recuerden las imágenes que ha visto todo el mundo sobre las cargas del 1/Oct, el corredor Mediterráneo aprobado por Europa y que se resisten a construir si no pasa por Madrid, la negativa a permitir conexiones internacionales en el aeropuerto del Prat, etc. Todas estas políticas del Gobierno de España son ejemplos de cómo el Gobierno de España pone trabas al desarrollo de la economía catalana, aunque a pesar de ello, Catalunya siga siendo todavía la locomotora que más tira de las exportaciones internacionales de toda España.
Siempre que los “símbolos” (rey, Gobierno, bandera, himno,…) son contestados, las instituciones sufren. Por ello es obligación de los que representan las instituciones, sobre todo si presumen de demócratas, preguntarse cuales son las razones de la contestación; sobre todo si esta es persistente en el tiempo y ampliamente secundada. 
Por supuesto que deben defenderse y respetarse las leyes democráticamente redactadas hasta que no se legisle otra que la sustituya, pero las leyes son interpretables y las medidas que un gobierno toma para intentar resolver un problema a veces sólo consiguen empeorarlo o cronificarlo. 
Para defender la Constitución y mantener unida España, el Gobierno estimó adecuado enviar diez mil policías a Catalunya para “mantener el orden” e impedir que votaran democráticamente más de dos millones de personas que llevan años manifestándose pacíficamente. Estas personas no sólo no fueron escuchadas sino que fueron despreciadas. ¿Cómo puede comparar el golpe militar (23F), donde guardias civiles entraron en el Congreso con metralletas y pistolas, tanques en las calles de Valencia y tropas acuarteladas, con más de dos millones de ciudadanos pacíficos intentando votar en un referéndum, con urnas y papeletas en las manos? Hacer un discurso excepcional con la imagen de Carlos III agarrando un bastón, sin una sola palabra de empatía para esas personas, ¿es una defensa inteligente de la Constitución?. 
El Col.lectiu Praga ha denunciado al comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, vulneración de derechos humanos en Catalunya por parte del Estado español durante la jornada del referéndum del 1-O. Seiscientos cincuenta juristas de toda España han suscrito la denuncia. Aún así parece que los miembros del Gobierno y muchos políticos creen que han actuado conforme a la ley y están dispuestos hacer todo lo que esté en su mano para lograrlo. Han dado pruebas reales de que están dispuestos a todo y del poder que tienen para hacerlo.
Todos y más los catalanes deberíamos recordar la desgraciada historia del Estatut de Catalunya votado por todos los catalanes pero “cepillado” por el Tribunal Constitucional. No se puede decir que los dirigentes catalanes, al menos hasta los últimos meses, no hayan hecho las cosas de acuerdo con la ley. ¿Porqué algunos dirigentes unionistas ponen tanto empeño en no valorar ni respetar la plurinacionalidad en España? Su histeria anticatalana siempre se termina volviendo contra España, haciéndola más pequeña. Todos saben lo que significa Catalunya y su capital Barcelona desde hace siglos: por Barcelona entraron en España la prensa, la radio, la televisión, el ferrocarril, las autopistas y, desde hace años, las novedades relacionadas con la telefonía móvil. Algunos quieren que entre también la República. No lo han conseguido aún pero no olvidan su empeño. Otros se resisten con todas sus fuerzas y el poder que controlan.
Así las cosas parece lógico concluir que si alguien quiere comprar un boleto de lotería, ponerse un piercing, comprar dos o tres bitcoins, o hacer algún experimento con gaseosa, no pasa nada; eso es diversión. En cambio, si se quiere emprender una “empresa importante” que precise tomar decisiones transcendentes y más si afectan a millones de personas, hay que tener mucho cuidado, ser muy responsables y haber diseñado más de un plan… y más de dos, para llevarlo a cabo. No hacerlo así es una grave irresponsabilidad por parte de los dirigentes y de sus seguidores.
No necesitamos “más de lo mismo”. No necesitamos más peleas fratricidas ni confrontación. Necesitamos líderes auténticos, singulares, empáticos que sepan y quieran dialogar, capaces de formar equipos que trabajen honestamente para provocar el cambio a mejor en una gran mayoría de ciudadanos y por extensión en la nación. Si los políticos que se presentaron a las elecciones y salieron elegidos no son capaces de recuperar la confianza de la mayoría de la ciudadanía en la clase política, seguiremos empantanados por los siglos de los siglos y cada vez será más difícil recomponer los platos rotos.

lunes, 19 de febrero de 2018

La ley de Parkinson

Os habéis fijado que muchas personas son más productivas trabajando para otros que para ellos mismos. No es sólo la presión social que les impulsa, también influye autoestablecerse un objetivo claro y una fecha límite para alcanzarlo.
Hay personas en la Universidad que estudian libros en una noche, pero luego se pasan años completos intentando terminar su doctorado (lo hacen poco a poco sin imponerse plazos estrictos).
En todas las empresas hay empleados hiper-productivos, pero no logran empezar su propio negocio. En el primer caso, para conseguir sus objetivos o cobrar su plus, el jefe les pone una fecha límete y les da recursos limitados. En el segundo, piensan que “ya empezarán cuando salga una buena oportunidad”. Y… no sale nunca.
Cuando hay recursos limitados encontramos creatividad, energía, recursos y foco. Eso implica fechas límites y también presupuestos límite.
Una derivada de la Ley de Parkinson dice: “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Muchos trabajadores-burócratas la practican superlativamente. Una cultura burocrática fomenta la creación de subordinados y de trabajo de forma innecesaria.
Aún mirándolo por el lado bueno, el trabajo y los plazos d entrega se alargan debido a nuestra tendencia a procrastinar y a complejizar las tareas cuando más tiempo tenemos para completarlas. Veamos dos escenarios para visualizar lo comentado.
Administración del tiempo-Escenario 1:
Supongamos que se nos asigna una tarea, y tenemos toda una semana disponible para completarla. Los primeros dos o tres días damos algunas vueltas. Queremos hacerlo bien, así que googleamos bastante y nos empapamos del tema. Luego empezamos a esbozar cómo se va a ver; pero no nos convence, así que le hacemos cambios. O borramos y volvemos a empezar.
Si darnos cuenta, nos encontramos con que nos falta un día, y recién tenemos la estructura. Completamos rápidamente la estructura, solucionamos las dudas y terminamos. No tenemos tiempo para más. Nos lamentamos de lo rápido que ha pasado el tiempo.
Administración del tiempo-Escenario 2:
Se nos asigna una tarea de igual complejidad a la del escenario 1, pero se nos da un solo día (1/5 del escenario 1) para completarla. 
Investigamos rápido, buscando lo esencial. Dos horas después estamos armando una estructura. Aunque no es perfecta, pensamos “¿qué es perfecto en esta vida?” y seguimos adelante. Empezamos a completarla, salteamos las dudas innecesarias y terminamos.
En la práctica, en el segundo escenario hemos conseguido aproximadamente el mismo resultado que en el primero, solo que en una quinta parte del tiempo. ¡Hemos multiplicado nuestra productividad por 5!.

¿Os ha pasado alguna vez que aparcáis el coche peor cuanto más espacio tenéis disponible en el parking?.
¿Os habéis fijado que a la mayoría de personas con salarios altos también les es difícil llegar a fin de mes y que tienen pocas propiedades e incluso deudas? Os recomiendo que miréis las declaraciones de los principales políticos y veréis las pocas propiedades que declaran a pesar de sus sueldos. Parece que a los que tienen buenos sueldos  les es más complicado ahorrar para intentar conseguir su “libertad financiera”. 
Pues aunque parezca extraño, eso es normal. Según la Ley de Parkinson el gasto siempre tiende a expandirse hasta que alcanza la totalidad de los ingresos. Por ello, los que ingresan 5000€ podrían ahorrar más fácilmente que los que ingresan 1000€, pero en la práctica, no sucede así. (No se alarmen, la solución no es aumentarles el sueldo).
Para entender mejor esta paradoja y otras podemos tener en cuenta otras derivaciones de la “Ley de Parkinson”: 
“El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”. 
“Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”. 
“El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia” (o ley de la trivialidad).  (Si han asistido a alguna reunión de la comunidad de vecinos verán el tiempo que se pierde en discutir temas triviales)
Si queremos disparar nuestra creatividad y nuestra productividad, lo mejor es auto limitarnos responsablemente la cantidad de tiempo y de recursos disponibles para completar cada tarea.
La Ley de Parkinson es una herramienta para analizar nuestras tendencias naturales y contrarrestarlas responsablemente. Es una forma de ser más inteligentes en el manejo de los recursos disponibles y optimizar nuestro tiempo.
¿Tendrás en cuenta la "Ley de Parkinson" a partir de ahora?

martes, 6 de febrero de 2018

Todo el mundo puede ahorrar…

… aunque la mayoría no sabe como hacerlo y prefiere negar que es posible hacerlo incluso con su sueldo siempre insuficiente. 
¿Cuántas veces hemos oído excusas como… el dinero no me alcanza, tengo muchos gastos, la vida está muy cara, las mensualidades del colegio subieron, con el sueldo pírrico que cobro es imposible ahorrar nada…? 
Primero de todo debemos entender que la libertad siempre suele ir asociada, de forma inseparable, a la responsabilidad. El reconocimiento de la incertidumbre en la vida no es agradable. Hoy estamos bien, mañana no se sabe… Como las personas necesitamos un cierto grado de seguridad, la incertidumbre nos produce miedo. Cuando aparece alguien que nos inspira confianza (aunque sea ficticia) porque parece que entiende nuestros anhelos o nuestros miedos, tenemos tendencia a seguirle. Los políticos lo saben muy bien y nos suelen decir lo que queremos oír para que les “sigamos” automáticamente. 
Tenemos tantas ganas de que lo que nos prometen sea cierto, que a pesar de saber que nadie nos puede asegurar el futuro individual y muy poco el colectivo, a menudo nos dejamos subyugar por sus cantos de sirena. Cuando chocamos con las rocas, le echamos la culpa a lo que sea y seguimos atentos a sus cantos tan cautivadores como falsos. 
La naturaleza es incierta y azarosa, nos gusta porque venimos de ella y formamos parte de la misma, pero no tiene ni voluntad ni ningún plan conocido… Ocurren hechos sin que los humanos podamos controlar eficazmente su desarrollo. 
Nuestra fragilidad solo puede ser aliviada por la solidaridad y el amor entre las personas, empezando por las cercanas; sin olvidar que nuestra actitud personal y responsable es fundamental para conseguir nuestros objetivos. Si esta falla o disminuye, entonces estamos a merced del azar en su forma más escalofriante. 
Todos conocemos a personas que se lamentan de que no pueden llegar a fin de mes; más en el ultimo decenio en el que la crisis económica nos ha visitado después de unos años de boom inmobiliario en el que la mayoría de los españoles nos considerábamos millonarios por el echo de haber comprado una casa (a pesar de que muchos la tenían hipotecada y en realidad la casa era del banco). 
A la mayoría nos gustaría ser libres financieramente y para conseguirlo compramos lotería de Navidad, cupones de la ONCE, boletos de la Primitiva y más si el bote está lleno. Sabemos que de esta forma es muy difícil conseguirlo, pero nos aferramos a esa ilusión. Lo de ahorrar es una palabra que, desde pequeños, siempre hemos oído pero que dejamos de hacerlo cuando rompimos la hucha. 
La mayoría de las personas, cuando cobran su salario, salen disparados hacia la “gran superficie” para realizar la compra mensual, pagan el alquiler/cuota mensual de la hipoteca, luz, agua, gas teléfono electricidad, los pagos de las tarjetas de crédito, etc. Si sobra algo, tal vez lo ahorran. Casi nunca queda nada para ahorrar, eso si la cuenta no está en números rojos. 
Si de verdad quieres ahorrar cada año, el secreto es empezar a “preahorrar”. Kiyosaky en sus bestsellers recomendaba: “págate primero a ti mismo”. Es la misma idea que preahorrar. Para ello basta que abras una cuenta de ahorro y el mismo día que te ingresen la nómina, ordenes una transferencia de la cantidad mensual que quieres ahorrar a tu cuenta de ahorros. De esta forma ahorrarás de manera automática a principio de mes y el hecho de tener menos dinero disponible en tu Cuenta Corriente, te motivará a encontrar los mejores trucos para optimizar tus gastos. 
Lo mismo deberías hacer cuando recibes un aumento de sueldo en el trabajo, cobras un plus, una paga doble o un ingreso extra con el que no contabas. 
A la mayoría de personas les pasa que, al encontrarse con más dinero en el bolsillo, su nivel de gasto sube inmediatamente y se adapta al nuevo nivel de ingresos. Empiezan a “necesitar” cosas que antes ni imaginaban poseer: un coche nuevo, una cena en ese restaurante de moda, la suscripción al gimnasio... Una lista interminable. Esta espiral del gasto creciente les atrapa independientemente de si tienen un nivel de sueldo alto o bajo. Cuanto más altos son los ingresos la “lista de deseos” sube de valor. 
Una forma muy sencilla de romper la espiral del gasto creciente es preahorrar las subidas de sueldo. Como el dinero de la subida no llega a tu bolsillo, nunca tienes la tentación de aumentar tu nivel de gasto y ahorras sin precisar ningún esfuerzo de voluntad. 
Durante los diez primeros años de vida la laboral de las personas es frecuente que su sueldo llegue a doblar lo que recibía cuando empezó. Utilizando el truco de preahorrar las subidas de sueldo te resultará muy fácil llegar a ahorrar todos los meses una cantidad considerable sin ningún esfuerzo. 
Si te llega una una subida de sueldo o mayores comisiones de ventas, como estás acostumbrado a vivir con el nivel de salario anterior, puedes utilizar el incremento para pagar por adelantado un préstamo personal y la hipoteca de tu casa. 
Si tienes tus necesidades básicas cubiertas, los caprichos que te puedas permitir con el nuevo sueldo no te compensan frente a la satisfacción de quitarte todas tus deudas con mayor rapidez.
Si has tenido la buena idea de no endeudarte, invierte tus ahorros (los de tu libreta de "preahorro") para que el dinero trabaje para ti. Hazlo con prudencia y busca el mejor asesoramiento independiente que puedas encontrar y permitirte. No busques gangas y huye de las promesas de alto rendimiento. Nunca han existido duros a cuatro pesetas, ni ahora existen negocios espectaculares de alto rendimiento esperando a que alguien los comparta contigo gratuitamente. 
Cuando pensamos en gente millonaria, a nuestra mente llegan imágenes de Ferraris, champagne, yates con pista de aterrizaje para helicóptero y relojes de oro. Esta imagen proviene de las películas tipo “50 sombras de Grey”, ¿cuál es el motivo? La gente corriente, con hábitos comunes, no suele interesarnos y son estos “personajes” histriónicos los que nos llaman la atención y hasta nos deslumbra soñar con sus excentricidades. 
De vez en cuando oímos hablar de algún millonario un poco extraño, como es el caso de Warren Buffett, una de las mayores fortunas del mundo, que, sin embargo, conduce un viejo coche al trabajo. Lo mismo pasa con Carlos Slim, durante años el hombre más rico del mundo y que se ha negado a vestir un reloj de lujo y es autor de célebres frases como “Soy sobrio y mis hijos también, por gusto, por convicción, no por disciplina”. ¿Saben que el propietario de Ikea que se pasa todo el día trabajando en los almacenes de sus fábricas como un empleado más?. Cuando oímos hablar a personas así creemos que son una rareza: ¿Millonarios y espartanos? ¡Eso no puede ser verdad! 
La mayoría de los millonarios siguen el modelo de Warren Buffett: beben cerveza, no champagne; lucen relojes de cuarzo y conducen coches sencillos, nada que ver con Ferraris o BMW último modelo. Es más, el estudio de Stanley y Danko concluyó que un nada desdeñable 37% de ellos conduce coches de segunda mano. Las personas que conducen coches de lujo o últimos modelos necesitan mostrar su estatus a los demás. “¡Fíjate, he tenido éxito en la vida!”. Salvo raras excepciones, las personas que conducen estos coches tienen altos salarios pero baja libertad económica. 
Muchas veces nuestra sociedad de consumo nos intenta convencer de que para ser felices tenemos que comprarnos una casa más grande, un coche más lujoso o viajar a un destino más exótico. En el fondo todos sabemos que es una gran mentira, pero a demasiadas veces nos dejamos arrastrar por lo que hacen los demás. El truco “Ten peor coche que tu vecino” te ayuda a no dejarte engañar y a utilizar tu dinero en lo que “de verdad” te hace feliz a ti. 
Un consejo para ponerlo en práctica es que cuando vayas a comprar cualquier artículo por encima de 100 euros párate un segundo, ¡Olvídate de lo que tienen los demás! y pregúntate a ti mismo: 
. ¿De verdad lo necesito y comprármelo me hará mucho más feliz? 
. ¿Necesitas un “XXXXXXX” así tan caro para usarla un par de veces al año? 
. Si la respuesta es sí, entonces pregúntate: ¿No es mejor comprarlo de segunda mano? 
. Si finalmente decido “comprar” ¿Puedo pagarlo al contado o necesito un crédito personal o pagarlo a plazos? ¿Sabes cuáles son los riesgos de endeudarte? 
Todos los días la televisión, la radio, los periódicos, Internet... en todos los medios de comunicación imaginables nos bombardean con mensajes publicitarios ofreciéndonos facilidades de pago: “Compra ahora y no pagues hasta septiembre” o “Te lo financiamos al 0% de interés durante los seis primeros meses”. Puede parecer que todo son ventajas pero hay que tener en cuenta los tres grandes peligros de endeudarte: 
 Gastas más de lo que necesitas. Con esas financiaciones consiguen hacer que compres más cosas de las necesarias. 
 Te cuesta mucho más dinero que pagar al contado, ya que tienes que pagar los intereses. 
 Te conviertes en esclavo del dinero por la necesidad de hacer frente a los pagos mensuales… 

¡Adiós a tu libertad financiera!

Una forma fácil de saber cuan libre eres, financieramente hablando, es calculando el número de meses que puedes vivir sin reducir tu nivel de gasto si hoy mismo dejaras de ingresar por tu trabajo. Es una cifra sencilla y, sin embargo, tiene una gran importancia. Tu libertad financiera mide el tamaño de tu “red de seguridad”, de tu colchón financiero si hay imprevistos, si las cosas van mal o si quieres emprender una nueva aventura profesional. 
Si tu libertad financiera es de sólo 6 meses, tu red de seguridad es muy pequeña. Es como tener una Espada de Damocles sobre tu cabeza en todo momento. Sabes que si te equivocas, si un día tu empresa va mal y te echan, o si tienes cualquier problema de salud, las cosas se pondrán muy negras. Si tu libertad financiera es de varios años, puedes ver la vida desde una perspectiva muy diferente. Si tu libertad financiera es de por ejemplo 120 meses, puedes tomarte catorce años sabáticos antes de tener la necesidad de volver a ganar un sueldo. 

Tener mucha libertad financiera tiene tres grandes ventajas: 
- Permite lanzarte a cumplir tus sueños: como tienes una red de seguridad grande, no tienes miedo a asumir riesgos y lanzarte a hacer realidad tus sueños profesionales. 
- Tienes más éxito profesional: cuanto más eres tú mismo en el trabajo, más éxito alcanzas. El miedo al fracaso o a perder tu empleo inhiben tu creatividad en el trabajo y te impiden estar al nivel que te gustaría. Cuando eres libre financieramente desaparece por completo el miedo a que te despidan o al qué dirá de ti tu jefe, y te concentras sólo en dar lo mejor de ti. Curiosamente, en el momento que dejas de preocuparte de si pueden despedirte, empiezan a llegar los ascensos. Todos, incluidos tus jefes, queremos trabajar con gente segura de sí misma, que da lo mejor de sí y que se atreve a tomar riesgos calculados. 
- Vives feliz y tranquilo: como dice Eduardo Punset, “el principal obstáculo para ser feliz es el miedo”. Cuando vives con una red de seguridad debajo no tienes miedo a caerte o a equivocarte. Vives tranquilo y feliz. Puedes trabajar en un puesto que a otras personas les causa un estrés enorme pero que, sin embargo, a ti te parece una oportunidad de aprender y crecer. En definitiva: cambia totalmente tu perspectiva de la vida y empiezas a disfrutar cada momento. 
Ser libre financieramente no es lo mismo que ganar mucho dinero; es mucho mejor. Es dejar de vivir con estrés, con miedo a equivocarse y a fracasar en el trabajo. Te permite estar relajado, ir cada mañana a trabajar con una sonrisa en la cara e incluso dejarlo para dedicarte a otras actividades o a tu familia cuando te apetezca. ¡Así da gusto vivir! 
¿Les seduce la idea? 
¿Cuándo dejan de endeudarse y empiezan a preahorrar?

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Para aprender un poco más, pueden ver estos vídeos en el que se dan consejos de sentido común, pero que pocos aplican en sus vidas…

Tres errores típicos al ahorrar:
Ahorrar a fin de mes, confundir ahorrar con cazar gangas y ahorrar sólo para el corto plazo y para objetivos puntuales de gasto.

Tres errores típicos al invertir:
Concentrar la inversión en el corto plazo, concentrar la inversión en España e invertir siguiendo los consejos del vecino o de un “comercial” de una empresa financiera (asesor no independiente).

Tres errores de los “profesionales” con su dinero:
Trampa del gasto creciente, endeudamiento e invertir sin un buen asesoramiento independiente:

Cinco errores típicos al preparar la jubilación:
Ahorrar poco y depender de la pensión pública, empezar demasiado tarde, pensar que sólo existen los Planes de pensiones para ahorrar para la Jubilación, pensar que comprando tu vivienda habitual ya tienes mucho resuelto y planificar una jubilación gris en lugar de una dorada para disfrutar del “penúltimo” tramo de tu vida.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Felices Navidades y próspero Año Nuevo 2018


El nacimiento que los cristianos celebran con la Navidad puede servir para recordarnos que nuestra vida tiene una dimensión trascendente, que no empieza en nosotros —hemos llegado hasta aquí de la mano de nuestros padres— ni acaba en nosotros porque todos le debemos algo a otros y esos otros, poco o mucho nos importan.
Este nacimiento nos recuerda también que estamos aquí fruto del amor de nuestros padres y del amor de muchos miles de personas que, con sus acciones, nos han llevado hasta donde estamos ahora. 
Cuando amamos a otros damos lo mejor de nosotros mismos, nos hacemos, nos encontramos y nos conocemos. Los demás son la ventana por la que vemos el mundo y el espejo en que nos descubrimos a nosotros mismos. 
Feliz Navidad a todos mis amigos y conocidos en Facebook, porque en la Navidad nos reencontramos y nos deseamos paz y amor.
Todas las cosas suelen tener varias lecturas. Una, la banal, la vulgar y otra, la que no se ve: nuestros deseos, nuestros planes para intentar hacerlos realidad y la respuesta de nuestros amigos, conocidos y saludados. Los pastores, nada dados a la abstracción y al razonamiento científico, no percibieron el frío y la suciedad (que José seguramente intentó solucionar sin mucho éxito), sino esas otras dimensiones, que son las que nosotros rememoramos en estos días.
Así pasa con nuestras vidas: está lo vulgar, y lo maravilloso y a veces increíble. Al felicitaros hoy con motivo de estas fiestas navideñas y el inminente Año Nuevo, quiero animaros a ver más allá de lo que nos inyectan los grandes medios de comunicación (siempre tan sesgados y tendenciosos) y de lo que perciben nuestros sentidos: la vida generosa de tantas personas, los propósitos de bondad que hacemos cada día, el deseo de aprender a ser mejores, que no siempre somos capaces de materializar… los planes de tanta gente que consiguen desarrollar contra viento y marea, gracias a la colaboración de otras gentes a veces no muy instruidas pero con un gran corazón y muy buena voluntad.
Nunca desaprovecho la ocasión para dejarme invadir por la Navidad, fiestas para buscar paz y alegría. Esto se consigue no con la tarjeta de crédito y un elegante árbol iluminado, sino con la buena voluntad de todos los que nos rodean. Y recordad que esto solo lo ve el que se atreve a entrar, a meterse en la escena, a comprometerse con la vida de los demás… Mirad a las personas, a todas, con ojos limpios, sin prejuicios, sin espíritu crítico, sin ánimo de vendetta y descubriréis cosas maravillosas: no porque ellos hayan cambiado, sino porque habréis cambiado vosotros. ¡Felices propósitos para el año nuevo!
Sí, la Navidad es época de buenos deseos. Pero también tenemos la experiencia de que los buenos deseos de la Navidad rara vez duran más allá de las primeras semanas de enero. Supongo que esto se debe a la falta de virtudes. Una virtud tiene un componente digamos intelectual, otro emocional y otro volitivo.
El aspecto intelectual nos dice por qué hemos de hacer algo: por qué he de ser leal, sincero, humilde… por qué he de perder peso, ser más ordenado, más puntual… sonreír más frecuentemente, interesarme de verdad por las cosas de los demás… Ese conocimiento nos ayudará a tomar una buena decisión: si no sabemos por qué la tomamos, o no estamos convencidos de que eso es bueno, el propósito no durará mucho.
El emocional sirve de espoleta, de detonador. Ver el sufrimiento del prójimo nos llama a la generosidad; sentir la vergüenza de que nuestros amigos vean el desorden de nuestra oficina nos animará a ordenarla. Pero lo más probable es que ese empujón dure poco. Si es de una sola vez, porque no nos acordamos más; si es muy frecuente, porque nos aburre o nos endurecemos o perdemos sensibilidad. Habitualmente, el subidón emocional tiene que traducirse inmediatamente en una reflexión y estudio y, muy pronto, en una decisión. Por eso los que venden por internet o por televisión te dicen que compres ahora, o que llames ahora, porque a ellos les preocupa poco la continuidad: y eso pertenece a la tercera dimensión.
La clave está en la “voluntad”: debo hacer tal cosa, y estoy decidido a hacerlo, y a hacerlo ya, poniendo toda la carne en el asador. Hay trucos que nos pueden servir. Uno es el examen frecuente. Otro, pedir la ayuda de alguien que nos exija o nos controle (antiguamente la gente ahorraba durante el año para tener dinero para las compras de Navidad, y lo hacía ingresando el dinero en alguna institución, con el encargo explícito de no devolver el dinero antes de, digamos, el 15 de diciembre). Es muy bueno fijarse metas pequeñas, muy concretas y a muy corto plazo. ¿Quieres ser más amable? Vete ahora a la oficina de al lado y pregunta a quien está allí cómo está, qué va a hacer en estas fiestas, si todos están bien en casa, etc. Y luego ponte otro objetivo para dentro de un rato, cuando llegues a casa; y para más tarde, cuando tengas tiempo para llamar a aquel pariente o vecino con el que prácticamente has perdido la relación… ¡Ah!, y como esto no durará mucho, vuelve a empezar. Otra vez. Sí, ya sé que has fracasado en los últimos veinte intentos, pero vuelve a empezar. Porque -y aquí está la clave- has de adquirir el hábito operativo de lo que sea: ser amable, bajar peso, dejar de fumar, dejar de auto compadecerte, sonreír siempre…
Sí, la Navidad es una época de buenos deseos. Pero algunos son eficaces y otros no. Es ley de vida. Lo importante es no desanimarse y persistir con voluntad. Porque seguramente te morirás desordenado, mal carado, impuntual o lo que sea, pero te morirás feliz, porque habrás pasado unos cuantos años de tu vida intentando ser mejor. Y, a diferencia de las olimpiadas humanas, el premio —la felicidad en esta tierra, y tal vez en a otra si eres creyente— no se promete al que siempre triunfa, sino al que lo sigue intentando hasta un rato antes de morir. ¿No te lo crees? Bueno, haz la prueba. La felicidad no es una hoja de servicios intachable y, por tanto, imposible, sino la humildad de volver a intentarlo cada día. Y esto está al alcance de todos.
Nadie, ni siquiera Dios, te puede asegurar el éxito en tu vida, pero si lo intentamos una vez y otra, tendremos muchas más probabilidades de conseguir nuestros sueños. Y, entre tanto, nos habremos hecho mejores, porque nos hacemos mejores cuando tratamos de hacer mejores a los demás.
Muy feliz Navidad a todos y que el próximo 2018 logréis asentar el hábito de emprender voluntariosamente vuestros proyectos.
Una abrazo,
Juan

lunes, 18 de diciembre de 2017

Los ausentes en el 21D

Hace unos días que ha comenzado la campaña electoral. Vemos las cuñas electorales de los diferentes partidos y las entrevistas que diferentes televisiones hacen a los líderes de los partidos que se presentan o a sus representantes. De forma totalmente anormal, los simpatizantes de Junts per Catalunya ven a su líder que les habla desde una pantalla y los de ERC, ni eso porqué está encarcelado a 600 quilómetros de su casa.

Algunos nos quedamos tristes y a la vez enfadados cuando varios dirigentes del PDeCAT y ERC, declararon después de que el Gobierno aplicara el “Artículo155” que:
·“no estaban preparados para implementar la Independencia de Catalunya”,
·“no eran conscientes del alcance de lo que estaban llevando a efecto”,
·“sólo explicaban las cosas buenas para mantener a los catalanes independentistas animados”,
·“nunca se hubieran esperado que Europa NO les apoyara en sus reivindicaciones democráticas”
·“no se esperaban que el Gobierno español hiciera uso de TODO para impedir la independencia de Catalunya”
· etc.
Los catalanes deberían preguntarse ¿en que y cuanto fallaron el President, los consellers y todos los que asumieron la responsabilidad de desarrollar el “procés”, al declarar la Independencia de Catalunya sin tener a punto las “estructures d’Estat” ni tener los medios para poder aplicarla?

Si ningún Estado de Europa ha apoyado la República catalana, ¿con quien se reunía el Conseller Romeva y todos los integrantes del “Diplocat”? ¿No informó al Govern de que en las altas esferas de los Gobiernos estatales europeos no había conseguido ningún apoyo relevante? Si no lo hizo, engañó. Si lo hizo y aún así el Govern siguió adelante y declaró la República catalana, peor.
Los catalanes independentistas hicieron su trabajo con éxito: se manifestaron repetidamente, apoyaron en todo lo que les pedían los políticos que lideraban el “procés” y las organizaciones independentistas, hicieron resistencia pasiva hasta conseguir votar el 1-O a pesar de que el Gobierno dispuso miles de policías y Guardias civiles para impedirlo, … ¿Qué han hecho los políticos? ¿Tenían “planes B” alternativos? ¿Porqué no siguieron adelante después de declarar la República catalana? No me digan que fue  porque al final se dieron cuenta de que el Gobierno cuando decía “todo”, lo decía de verdad.
Estos mismos políticos, que han hecho todo lo descrito anteriormente, son los que nos piden otra vez el voto. ¿Para hacer qué? ¿Más de lo mismo, como “en el día de la marmota”? ¿Somos conscientes de que todos estos “intentos” no salen gratis, para nadie?... Ni para los políticos que están en la cárcel esperando ser juzgados por un delito que muchos expertos piensan que no cometieron, ni para los que van a ser llevados a juicio próximamente, ni tampoco para los catalanes que ven como su territorio, y ellos mismos, pierde posibilidades de crecimiento y riqueza en cada trifulca.
Hace años que nos dijeron que había que actuar con inteligencia y con astucia. Que lo tenían todo muy bien planeado. Que tenían apoyos internacionales. Que si una mayoría de catalanes les apoyábamos, teníamos prácticamente asegurada la consecución de un Estado para Catalunya, dentro de Europa. Algunos incluso presionaron para ir más rápido porque no se podían esperar. Pues se van a tener que esperar más todavía de lo que algunos políticos pedían en el inicio del “procés”.
Y… suponiendo que finalmente se pudiera concluir el “procés” con éxito, ¿qué Estado querrían formar?
Por lo que habían explicado los líderes mayoritarios (Junts pel SI) se procuraría construir una República catalana, viable económicamente, verdaderamente democrática y dialogante, con leyes socialmente justas en la que todos los catalanes pudiéramos vivir en paz y prosperidad formando parte de la Unión Europea. El lema de la gran manifestación de 2012 fue “Catalunya, nou Estat d’Europa”. ¿Nos acordamos?
Era fácil ilusionarse con este proyecto y aun así, sólo un 50% de catalanes votaron afirmativamente para que se desarrollara en las elecciones, que se quisieron plebiscitarias. Obviando este último dato (importantísimo, por cierto), nadie contó a los catalanes el efecto péndulo que seguramente se produciría en la opinión del resto de los españoles y en los países del norte. Nos dijeron que era lógico que en un principio, todos los países se opondrían a la independencia de Catalunya, pero sólo hasta que se pudiera votar y ganara el “SI”. En ese momento empezarían a materializarse los apoyos en cascada. (Está claro que eso no sucedió así).
Se oyeron voces que decían que la Generalitat tenía forma de subsistir económicamente al menos 6 meses después de haber proclamado la República catalana. No fue así. El Gobierno intervino las cuentas de la Generalitat y no tuvimos ninguna libertad económica disponible para empezar nada, ni para pagar un café sin dar antes explicaciones a Madrid.
Nadie explicó que se vería cuestionado el sistema de garantías legales que debía garantizar la seguridad jurídica a los inversores internacionales y locales, al menos durante los meses-años de la transición y que por tanto las inversiones se paralizarían o ralentizarían durante este periodo. Nadie explicó que no teníamos control, ni medios para controlar desde el primer momento, el territorio (aeropuertos, puertos, carreteras, ferrocarriles, etc.).
Todas estos temas no son baladíes, son temas fundamentales; sin los cuales se puede declarar una República de Catalunya pero no hacerla efectiva.
Ante incoherencias tan manifiestas respecto a las actuaciones llevadas a cabo por el Govern, a lo largo de estos años, no podemos dejar de preguntarnos si todo esto esconde una estrategia electoral de poca altura para mantenerse en el Parlamento, en el Gobierno, en los puestos de confianza, en asociaciones subvencionadas, etc.  
Después de comprobar a donde nos han llevado nuestros líderes del “procés” es legítimo pedir un cambio de estrategia y hasta de rumbo. Es legítimo pedir explicaciones y no conformarnos con que nos digan “los mismos” que seguirán “intentándolo”.
Los que piensan que Catalunya está en la UVI y ningún partido unionista nos puede sacar de ella, los que piensan que ahora toca sobrevivir como podamos mientras se espera que Europa y el mundo entienda que lo que hace el Gobierno español a los catalanes es una barbaridad. Los que piensan que hay que defender la poca dignidad que nos queda y seguir luchando contra el esclavismo que nos quieren imponer, sea como sea —hasta la última gota de sangre— seguirán votando a partidos independentistas. Otros, de convicciones más pragmáticas, les costará mucho más seguir dándoles su voto porque les preocupará ver a los mismos políticos irresponsables que no han tomado en serio ni a sus propios conciudadanos, ocupando otra vez los escaños del Parlament y repetir como Consellers.
Ahora, en Catalunya, estamos en un “momento histórico”. El Gobierno de España ha intervenido la Generalitat de Catalunya y nos ha convocado elecciones para que elijamos un nuevo Parlament y los parlamentarios a su vez tejan las estrategias oportunas para formar un nuevo Govern de la Generalitat. Se presentan a las elecciones dos bloques mayoritarios: unos que quieren castigar ejemplarmente a los que han osado protestar y rebelarse contra el Gobierno de España y los independentistas que dicen que lo hicieron siguiendo el mandato de los catalanes (no de todos, solo de la mitad) que se han sentido maltratados por el Gobierno español e incomprendidos por los grupos políticos que le apoyan para que pueda llevar a cabo las políticas que han provocado el “choque” y desembocado en un gran problema.
No estaría mal recordar a Manuel Azaña que fue un político que vivió todos los cambios habidos y por haber en España… nació en un Reino, presidió una República y murió cuando España ya estaba en una dictadura. En el libro “Mi rebelión en Barcelona”, Azaña describió del talante de los que han ocupado siempre el Estado  español y explicó que no han considerado nunca la posibilidad de que se pudiera articular una estructura plural, federal o, cuando menos, no unitaria en España. Escribió: “pasó la política que fundó el régimen aquél; pasó el imperialismo español, la gloria y la grandeza, y hasta la capacidad de alentar el heroísmo; pero no ha desaparecido la propaganda; la doctrina ha subsistido año tras año, y así se da el caso de que Felipe II, en la segunda República, tiene más partidarios que cuando gobernaba en El Escorial”.
La visión unitaria del Estado español está muy arraigada desde antiguo en buena parte de la sociedad española. Perdura en el tiempo y en todos los sistemas. Quizás habría que probar, no sé si se está a tiempo, una nueva fórmula en la que todos nos podamos sentir cómodos sin renunciar a las respectivas maneras de identidad cultural, económica y política. El problema es que esto requiere de grandes estadistas que sepan aglutinar a la mayoría de los votantes en este sentido, y la realidad es que, en estos momentos, ni están ni se les esperan.
España está formada por naciones históricas (basta mirar y entender lo que representa el Escudo de España)  y comunidades con distintos ritmos de evolución y desarrollo. En lugar de exprimir a las 4 zonas productivas de España, escatimándoles las inversiones y las transferencias necesarias, lo lógico es que se hubiera cuidado más a esas comunidades más productivas, potenciando sus fortalezas para que crearan más riqueza. Ello comportaría más impuestos a repartir (eso si, proporcionalmente) a todos los españoles.
Se podía y se debería haber potenciado los hechos diferenciales de las comunidades históricas sin olvidar poner en valor los comunes a todos los españoles. Estos, a veces nos diferencian y otras nos unen al resto de países de Europa y del mundo irreversiblemente globalizado en que estamos. Lejos de actuar con esta amplitud de miras, los gobernantes españoles no han querido entender nunca las diferencias culturales y el respeto a la diversidad. Lejos de cuidar que se impartiera en las escuelas —desde el primer día de escolarización de los niños— una educación, explicando las “diferencias” o “singularidades”, han intentado uniformizar y españolizar a los niños de las naciones históricas. Si hubieran hecho lo primero, todos hubiéramos podido entender, desde el conocimiento, el gran valor que representa esta diversidad enriquecedora que tenemos la suerte de tener en España. En lugar de ser capaces de aceptarla y apreciarla con normalidad, han excitado regularmente a las masas exacerbando los distintos nacionalismos para enfrentarnos entre comunidades y ya se sabe… a rio revuelto, ganancia de pescadores: políticos que sacan votos del enfrentamiento y grupos de poder que se benefician económicamente de las subvenciones y contratos que otorgan discrecionalmente los que dominan la “caja común que llenan las regiones productivas”.
Todos los españoles deberíamos aprender a respetar las culturas de nuestros vecinos y los “hechos diferenciales” de las comunidades históricas, que en el devenir de la historia han sido “conquistadas” ganando conflictos bélicos o anexionadas por pactos sucesorios en la realeza-nobleza. Los políticos no han sabido (o no han querido) hacer que se mantuviera el respeto de todos los españoles hacia los hechos diferenciales catalanes, vascos o gallegos (recuerden una vez más el Escudo de España). Nos han metido a todos en la senda del adoctrinamiento y la confrontación, con la exaltación escorada de los diferentes “mitos” y “héroes” nacionales. En un acto de autodefensa para preservar la lengua y la cutura propias catalanas y evitar que sean diluidas por el implacable darwinismo aplicado por la cultura ejemónica española, la escuela catalana ha hecho algo similar.
Un tema que causa ampollas regularmente es la voluntat de los unionistas más extremos de que se use sólo el idioma castellano, que ellos llaman “español”, porque no les gusta que, además del castellano, haya otros idiomas o lenguas que se hablen en España (desde hace cientos de años también son españoles). Continuamente ponen grandes empeños en fagocitar todo lo relativo a la cultura catalana y particularmente a su lengua, para que paulatinamente pierda interés y mermen su número de usuariosG
Parece lógico pensar que si uno fuera a vivir temporalmente al País Vasco y tuviera que entender obligatoriamente el Euskera, o se fuera a vivir a Viella y tuviera que aprender obligatoriamente el Aranès, perdería mucho caudal productivo. Esto no quita para que se den todas las facilidades para que todos podamos aprender y entender el Catalán, el Vasco y el Gallego además del Castellano, que sirve de nexo de unión para todos, lo mismo que el Inglés sirve de nexo de unión para todo el mundo (al menos en el mundo de los negocios).
Todo el que ha visitado Catalunya sabe que a la prática totalidad de catalanes de lengua materna catalana, nos da igual utilizar el catalán o el castellano para comunicarnos, porque somos perfectamente bilingües. Lo que nos entristece es la falta de respeto de algunos ciudadanos de Catalunya, de lengua materna castellana, y de españoles del resto de España por el idioma catalán. Cuando se detecta esta falta de respeto, menosprecio e incluso rechazo se excitan los sentimientos contrarios (efecto péndulo) y la convivencia se hace mucho más difícil. En un ambiente de respeto y de aceptación del idioma propio de Catalunya (el catalán), una lengua romance que, al igual que el castellano (que la mayoría llama “español”) desciende del latín vulgar que hablaban los romanos que se establecieron en Hispania durante la edad antigua, nunca ha habido ningún problema de comunicación y ciertos políticos (principalmetne el PP y más aún Ciudadanos) no deberían provocar problemas donde no los hay.
Lo importante es poder comunicarse con los demás lo más fluidamente posible y hacer todo lo que esté en “nuestra” mano para conseguirlo, evitando obligar a los demás a que tengan que renunciar a usar lengua materna. Por ello es fundamental dar facilidades en lugar de poner trabas o prohibir. Todos deberíamos tener la posibilidad de expresarnos en todas las lenguas españolas y el deber de comprenderlas.
Volviendo a la Independencia suspendida y a las elecciones del 21-D. Se puede entender fácilmente que si cuesta mucho deshacer un matrimonio de muchos años, sin que se pierda gran parte de lo conseguido por la pareja en pleitos y litigios, sin contar el daño sentimental inflingido a familiares y amigos,… ¿Qué es lo lógico que suceda cuando se trata de segregar sociedades profundamente mezcladas a lo largo de siglos?.
Por muy injusto que pueda parecer, la realidad se impone. La historia nos ha demostrado con creces que será prácticamente imposible cambiar la Constitución Española en el sentido de que otorgue a Cataluña un estatus diferente al resto de comunidades del Estado español, de forma democrática y negociada, con el consenso de la mayoría necesaria de fuerzas políticas españolas. Igual de difícil será conseguir la independencia de un territorio si no es por la fuerza; y hoy en día, Catalunya no tiene ni la fuerza ni los apoyos internacionales necesarios para conseguirlo. Ni conseguirla es el deseo de una mayoría adecuada de catalanes.
Los catalanes, ni los vascos, no podrán ser ni decidir por ellos mismos, porqué los políticos españoles, las élites extractivas españolas y la gran masa de ciudadanos que se benefician del status actual ya han decidido (sin consultar) que todos los catalanes, o todos los vascos o todos los que quieran organizarse libremente por si mismos han de ser “como el resto de españoles".
Hemos comprobado repetidamente a lo largo de la historia, y más en estas últimas décadas, que se ha impuesto  la conveniencia de la economía improductiva, la subvencionada y la receptora de “prebendas” (con la comisión correspondiente al político facilitador), que cuenta con la mayoría de votos en el Parlamento y así puede dominar y mandar, sobre la conveniencia de la economía productiva, consumidora, cotizante al Estado y a la seguridad social para el beneficio propio.
A todas las extensísimas redes clientelistas, que los políticos corruptos se cuidan de alimentar y excitar para que les apoyen en su objetivo de perpetuarse en el manejo de los destinos de España que posibilitan su enriquecimiento, les interesa que todo siga igual, sin importarles lo más mínimo los deseos de una parte importante de la sociedad catalana. A los ocupantes de los gobiernos de los diferentes Estados europeos les interesa lo mismo. Las “regiones” pujan por hacer oír su voz, pero los “estados” usufructuarios del poder, se resisten con todas sus fuerzas  legislativas, legales y policiales-armamentísticas. ¡Con todas!.
Además el Gobierno, con ayuda de la practica totalidad de los medios de información escrita y TV-radio convencionales, intenta controlar el pensamiento de sus ciudadanos con la difusión de un pensamiento único unionista y una especie de “neo-lengua” que consiste en decir las cosas exactamente al revés de cómo son realmente. Tomando el símil orwelliano de “1984”, el Gobierno habla del "ministerio de la Verdad" para referirse al ministerio que censura y manipula la información, del "ministerio de la Paz" para hablar del departamento que se encarga de la guerra, del "ministerio de del Amor" para aludir a los que se dedican a la tortura y del "ministerio de la Abundancia"  referirse al que se dedica a gestionar la escasez.
El “problema español” (no reconocer la diversidad de naciones que lo componen) seguirá activo mientras no se resuelva el “café para todos” que se inventó durante la transición, para no hacer ese reconocimiento que no aceptaban los herederos del régimen saliente. A la mayoría de votantes españoles con balanzas fiscales “receptoras” tampoco les interesa resolverlo.
Conscientes de esa realidad, hay partidos que intentan proponer otras versiones que hagan más llevadero el “café para todos”. Por ejemplo, el PSC ha presentado una lista de socialistas, demócrata-cristianos, federalistas de izquierda, izquierdistas bien reconocidos y hasta el vicepresidente de Sociedad Civil Catalana (nombre escogido hábilmente cuyo significado poco tiene que ver con la dimensión del grupo al que representan ni con sus convicciones políticas). Portes obertes del catalanisme, Units per avançar y La Tercera Vía van también en las listas del PSC. Las intenciones globales de salida que expresa su líder Miquel Iceta son buenas, aunque nadie nos puede asegurar qué programa defenderán una vez estén en el Parlamento ni con quien pactarán para desarrollar lo que quede del mismo, después de las negociaciones de investidura. Lo que si se sabe es que como máximo intentarán algo similar a lo que hizo la vieja CIU en tiempos de Pujol (peix al cove) o el tripartito en tiempos de Maragall; totalmente condicionados por las fuerzas políticas que les apoyen en Catalunya y mucho más por las que gobiernen en España. ¿Porqué razón el Gobierno va a responder ahora favorablemente a un hipotético President Izeta, cuando le recuerde los requerimientos que hace casi cuatro años le hizo el President Mas y más tarde amplió el President Puigdemont, ambos sin respuesta?
Ya vemos que parece que el objetivo estrella es lograr recuperar la “situación” con la que hace 5 años la mayoría de catalanes se sentían “desafectos” según el President Montilla. A esto hemos llegado después de tanto….. ¿esfuerzo?.
De la confusión política, de programas oportunistas, algo populistas y poco realistas, aunque lo sean mucho más que otros que ni se preocupan por plantearlos, no puede crecer un árbol sano.
Otro partido, fuera de los grandes bloques extremos, que aspira a recuperar el nivel autonómico de hace cinco años y mejorar la “distribución de la miseria” mejorando en la medida que se pueda las políticas sociales, es la coalición electoral de izquierdas “Catalunya en Comú-Podem”; creada para las elecciones del 21-D al Parlament de Catalunya de 2017 y formada por Catalunya en Comú, Podem, Barcelona en Comú, Iniciativa per Catalunya Verds i Esquerra Unida i Alternativa con el apoyo de Equo Catalunya. De siglas, agrupaciones, sensibilidades y proyectos para “repartir” o redistribuir la “poca riqueza” que queda vamos bien servidos. En cambio, los “proyectos” para aumentar el empleo, el emprendimiento y “producir” riqueza hay muchísimos menos. De hecho, en estas elecciones del 21D no se presenta ningún partido que reivindique el catalanismo político de centro, el liberalismo (no confundir con la “burocratización corporativista” que practican los partidos que la sociedad califica despectivamente de neoliberales) y del mejor humanismo de nuestro país, para que pueda conseguir para los catalanes una vida de libertad, de prosperidad y de orgullo catalán bien entendido.
Falta en estas elecciones un partido que defienda la identidad de Cataluña, construida sobre su lengua catalana, su cultura, su historia y las instituciones en la tradición clásica del catalanismo.
Falta un partido político contrario a aplicar cualquier medida que incremente aún más la carga fiscal de los catalanes (que somos lo que más recortes hemos aplicado y los que pagamos más impuestos de todos los españoles).
Falta un partido que trabaje para reducir las trabas administrativas y burocráticas para la creación de empresas y que defienda el derecho a la propiedad privada sin vacilaciones ni matices en lugar de legislar para apropiarse de la propiedad ajena.
Falta un partido que cree mecanismos para la creación de puestos de trabajo y aplique políticas salariales que mejoren la capacidad adquisitiva real de los trabajadores y autónomos.
Falta un partido que cree mecanismos transparentes y eficientes para controlar la actuación de los políticos y servidores públicos que velen por su transparencia.
La supuesta emergencia nacional puede que sea un cebo para objetivos de partido y por ello no lo considero un argumento definitivo y suficiente para dar carta blanca a cualquier estrategia que los partidos independentistas (de ideologías muy variadas y que prácticamente sólo coinciden en las ganas de celebrar un referéndum de independencia) quieran desarrollar.
Los últimos acontecimientos excitan los sentimientos y las emociones de unos y otros y una vez más, las razones, las ideas y los argumentos, han quedado relegados a un segundo plano. Desgraciadamente, son muy pocos los ciudadanos interesados en discutir sobre las cuestiones clave sobre las que hay que decidir, rectificar y emprender el camino hacia la estabilidad y la prosperidad en Cataluña. Recordemos que los que quieren la independencia (alrededor del 50%) la quieren porqué se supone que teniéndola se podrán llevar a cabo políticas que hasta ahora no se ha podido. ¿Porqué ninguno de ellos concreta lo más mínimo que políticas serán esas? ¿Conllevarán esas políticas nuevas una mejora en la calidad de vida de la mayoría de los catalanes? ¿Con que presupuesto se levarán a cabo y como se gestionará?
La reflexión y el debate que ello conllevaría sería muy fructífero y esclarecedor en la campaña electoral, pero prácticamente nadie está dispuesto a avanzar por ese camino y la mayoría están por la batalla frontal y visceral. El choque de trenes se ha producido entre gobiernos y por muchas razones, no todas imputables al Govern de la Generalitat ni tampoco al Gobierno de España. La locomotora catalana ha descarrilado. Los vagones de ese mismo tren están dañados, pero siguen más o menos en pie. Nadie puede descartar que el conflicto civil siga al enfrentamiento político porque continuamente se hacen declaraciones y acciones que alimentan el conflicto. Todo lo que ha sucedido: desobedecer las leyes constitucionales, actuaciones policiales más allá de la proporcionalidad,  excitación de los nacionalismos, ocupación de la Generalitat, etc. han causado resentimiento de muchos sectores y las propuestas de PP y Ciudadanos por un lado y de Las CUP, ERC y Junts per Catalunya hacen prever una dificultad grande para que pueda sosegarse y aprender a digerir lo sucedido.
Siempre he pensado que era imprescindible articular un amplio espacio político catalanista, liberal y humanista, tanto si somos una autonomía, una nación federada dentro de España o una República independiente que pudiera hacer de bisagra entre las sensibilidades extremas. Solo el éxito de un proyecto central y catalanista de este tipo podría cambiar decisivamente la aritmética del Parlament catalán. Por ahora, este espacio de votantes está desierto y es una pena porque un grupo político que representara  al centrismo catalanista moderado, sobre todo en estos momentos en que la tensión es grande y la capacidad de diálogo poca, sería útil como bisagra para forzar el dialogo necesario entre las dos alas del Parlament, como lo fue en el pasado.
Oyendo a ciertos líderes y a ciertas personas tiendo a creer que demasiados españoles y catalanes hemos aprendido poco de nuestra reciente historia. Hemos olvidado mucho de las lecciones que de nuestra historia común se desprenden. La mayoría no deja de pensar que invariablemente la razón está de su parte. Unos tienen sus razones y otros tienen su parte de razón; nadie la tiene toda en exclusiva. Nunca deberíamos haber llegado hasta el extremo al que hemos llegado y hay que buscar las razones no solo en los gobiernos españoles y principalmente en algunos partidos políticos en concreto; también en Catalunya, responsabilidades políticas y judiciales aparte. Por mucho que algunos sueñen con un país con una sociedad y una cultura determinada, actualmente todos los catalanes —independientemente de nuestra procedencia— somos muy parecidos; entre otras cosas porque hace muchas décadas que nos mezclamos y los políticos salen de los ciudadanos…
Hoy no veo un gobierno en Cataluña que no tenga la huella de la independencia y de la izquierda. Unos y otros se retro alimentan. Hemos visto dos tripartitos en Cataluña. Seguramente veremos el tercero, pero será de izquierdas y llevará adjunta la divisa de la independencia y la república. Su objetivo será constituir un gobierno que pueda decir el primer día: "Decíamos ayer ...". No se si eso será bueno para Catalunya, lo que si que será es “sesgado”, porque la sociedad “repartidora” no puede sobrevivir sin la sociedad “productiva”, si quiere ir más allá del día en que se agoten las “existencias” heredadas de épocas anteriores. Véase el Ayuntamiento de Barcelona que ha pasado de tener superávit a estar cada vez en peor situación, para seguir siendo motor de Catalunya.
Seguramente los independentistas ganarán las elecciones del 21-D, a pesar de las grandes sumas de dinero que emplean los de Ciudadanos en su campaña electoral para aglutinar el voto útil unionista. Analizar críticamente el relato político instaurado en grandes sectores de la ciudadanía, y detener la inercia de cientos de miles de votantes convencidos y motivados, es una tarea difícil de realizar, por mucho que el potente aparato mediático simpatizante de los unionistas se afane en pronosticar el contrario. Más aún, cuando los comicios serán interpretados no en clave autonómica, sino plebiscitaria. Esta circunstancia no depende de la naturaleza de la convocatoria, se ajusta más bien al designio político de aquellos que tienen una correlación de fuerzas favorable. Independentistas y soberanistas formarán probablemente un frente común, con similares objetivos y reivindicaciones. Probablemente contarán con el apoyo de podemitas catalanes con los matices necesarios.
Si el probable nuevo gobierno independentista que se forme no cambia de orientación y continúa con el viejo “Full de ruta”, el gobierno español volverá a aplicar el 155 y volveremos a vivir un déjà-vu. El autogobierno volverá a quedar dañado y las elecciones deberán convocarse de nuevo. Desearía equivocarme, pero basta escuchar las declaraciones de los portavoces de los partidos para comprobar que estas nuevas elecciones son un pretexto para dar un paso adelante con las mismas intenciones. Pensar que el proceso está muerto es un grave error político, propio de ingenuos bienintencionados.

Mientras, seguimos estando cojos y echando a faltar un partido  político catalanista humanista, liberal y de centro que pueda ayudar a conseguir para los catalanes una vida de libertad, de prosperidad y de orgullo catalán bien entendido. Seguiremos esperando a las próximas elecciones. Mientras tanto, agárrense al flotador y recen para que no termine de zozobrar la barca y si fuera así, pronto no tengamos nada que rescatar ni conservar.